Goleta Gringo, la aventura de viajar a Europa en barco.

Goleta Gringo, la aventura de viajar a Europa en barco.

Viajar a Europa en barco puede ser el sueño de unos pocos, pero es algo que cautiva a muchos. Una familia argentina tiene el objetivo de regresar una antigua goleta a sus orígenes, pero mientras tanto disfrutan y hacen disfrutar a quienes se atreven a vivir la experiencia.

Somos una familia Argentina con raíz italiana, viviendo a bordo de la Goleta Gringo. Tall ship Genovés, construido en 1886 y restaurado en Argentina en 1990, es una de las embarcaciones más antiguas del mundo que todavía navega y es la más antigua de Sudamérica.

En 1933 hizo su último viaje a Sudamérica y nunca regresó a Europa. Comenzamos un viaje de regreso a Génova, desde La Plata (Argentina), lleno de aventuras y aprendizajes, para llevar a esta inmigrante de lujo a su tierra natal.

Vamos despacio, viviendo y descubriendo todo lo que implica viajar a Europa en barco, llenándonos el alma de nuevas experiencias…

 

Rumbo a Europa en barco: Primera escala, Brasil.

Llegamos a Brasil en Enero de 2017, a bordo de esta pieza histórica y única en estas latitudes. Tal vez, sea su última vez surcando los mares del sur y, nosotros, somos los protagonistas.

Jureré, en Florianópolis, fue la primera escala de un largo camino a casa, a Génova, puerto que vio nacer a la Goleta Gringo, allá por 1886. Jureré es una playa de arenas blancas y aguas verdes y muy activa en verano.

Sin embargo, dos días después de arribar, nos mudamos a una bahía cercana y más abrigada frente a Armacao da Piedade, en Governador Celso Ramos. Descubrimos un lugar más seguro para la Goleta Gringo y para nosotros, un lugar increíble y desconocido para el turista, uno de esos lugares que sólo se descubren llegando por el mar…

En este lugar asombroso, viven unas 300 personas y nos recibieron con los brazos abiertos, luego de asombrarse por la llegada de una goleta nunca vista por esta zona en las últimas décadas. Descendientes de inmigrantes de las Islas de Azores y de Madeira, colonizadores que atraídos por la actividad ballenera en el siglo XVIII y que hoy se dedican principalmente a la pesca.

Juan, el menor de los tripulantes y con 4 años por entonces, fue por primera vez al colegio en este poblado. Sólo había una escuela de educación inicial, CEI Generosa Colondino Galo, con una única sala multiedad y de 9 alumnos. Una escuela rural frente al mar. Y sus profesores tenían un inmenso corazón y voluntad de enseñar a un pequeño extranjero que no conocía la lengua…

Durante 6 meses, Armacao da Piedade vivió frente a la mirada sigilosa guardiana de la Goleta, fondeada a unos 800 metros de la costa. Por primera vez, un barco así llegaba a sus costas, en donde suelen convivir, como vecinos desconocidos, pequeños barcos de pesca con yates imponentes y soberbios.

La Goleta es imponente pero no es soberbia y, a donde llega, cosecha nuevos amigos, tiene temple para hacerse querer. Inmensa, frente a una playa de 300 metros de extensión y pequeña desde el morro que cobija al poblado.

Y, como en todo lugar pequeño y relativamente aislado, su gente es especial. Desde Nelson, el único médico y que atendía en su casa a falta de sala de primeros auxilios; su amigo Mauro, gran referente para presentarnos a todos los moradores. Tonho, dueño de uno de los 2 bares de la playa, un hombre mayor y pescador, muy simpático y amable aunque nunca pudimos entender lo que decía –hablaba en dialecto muy cerrado. Todos son, ahora, tripulantes a la distancia de la Goleta Gringo.

Como en Armacao da Piedade no había negocios, a excepción de un pequeño almacén, nos veíamos obligados a visitar otro pueblo más alejado y más grande, en donde había 2 mercados, 1 estación de servicio donde podíamos abastecer la lancha y un bar de esos autóctonos. Nos tomaba una media hora, en lancha auxiliar, llegar hasta Fazenda de Armacao, mientras la Goleta quedaba al cuidado de los vecinos.

A pesar de ser una playa más extensa, no había muelle para amarrar. Y como este sitio era tan maravilloso, podíamos dejar la lancha fondeada en la playa (con ancla de popa en el mar y ancla de proa en la arena), al cuidado de la gente. Volvíamos 2 o 3 horas más tarde y allí estaba. Nadie tocaba lo ajeno. Nadie tocaba lo de «los europeos del barco grande», así nos conocían. Luego de una caminata por la playa, llegábamos a la única calle que atravesaba el pueblo y donde estaban los pocos comercios.

Fernando (capitán) y Marco, el dueño del bar.

Y Fazenda también tenía su gente especial. Como Marco, el dueño del bar autóctono, un hombre alto y de ojos claros y de mirada transparente y honesta. Un bar de paredes a media altura y sin ventanas, con piso de cemento y una pulcritud pocas veces vista, y un cartel que pregonaba las reglas del lugar: prohibido ingresar sin camisa y sin calzado.

El bar de Marco era uno de esos bares donde suelen hacer escala los hombres, luego del trabajo en un pueblo en donde escasea la diversión. Sólo hombres hasta que llegó la familia de la Goleta, rubios y con acento extranjero que asistían una vez por semana a este lugar, rompiendo con la rutina establecida naturalmente.

Siempre venía Marco a nuestra mesa, repitiendo sus anécdotas y escuchando las nuestras, ya que esto de viajar a Europa en barco nos ha plagado de ellas. Y también venían quienes se animaban a atravesar la barrera impuesta por la lengua y a entender, cada cual, su propia versión de las historias. Y, al final de la tarde, todos nos saludábamos como grandes amigos. Y, unos metros más allá del lugar, volvíamos a ser desconocidos.

 

La despedida y a continuar el viaje hacia Europa.

Un día, llegó el momento de levantar el ancla y continuar nuestro camino. Génova espera la llegada de su Goleta y ella desea fervientemente volver a sentir las aguas del Mediterráneo golpeando en su casco de acero. Paciencia, porque el viaje es largo y es menester vivir cada paso y cada milla con la profundidad que se merece un camino de regreso. Nadie sabe cuándo será la próxima vez que la Goleta navegue estas aguas, nadie sabe si alguien la reconocerá… Nadie sabe.

El colegio de Juan hizo su propia despedida, suspendieron las clases el último día e hicieron juegos en la playa. Y la Goleta, inmensa pero no soberbia, invitó a todos los amigos y profesores a dar un paseo de despedida. Para algunos, era la primera vez que salían al mar, a pesar de vivir frente a él. La emoción fue infinita y los recuerdos imborrables. La Goleta partió de esta escala dejando su huella.

Como es inmensa e imponente, antes de zarpar, debemos planear y programar el alistamiento. Además de medir casi 40 metros de eslora, cala 3 metros (necesita esa profundidad para navegar). Y como hay una ley de Murphy para todo: cuando el muelle para atracar es lo suficientemente largo, las aguas son someras y cuando las aguas son profundas, el muelle es corto. Y cuando el muelle es largo y las aguas son profundas, la tasa portuaria es imposible de pagar.

Entonces, debemos organizarnos para cargar combustible para el motor de la Goleta, propulsión que complementa a las velas, y para los generadores. Transportar, por ejemplo, 2000 litros de diésel en lancha, desde la estación de servicio más próxima puede ser difícil y poco seguro. Sin embargo, la Goleta siempre hace amigos porque no es soberbia y, ante la inquietud que se había generado en el lugar, un vecino y padre de un compañero de Juan, nos dio la solución. Pescador de oficio y talento, nos ofreció sus tanques para cargar el combustible. Y la estación de servicio más próxima, aquella de Fazenda, nos acercó los tanques en su vehículo hasta la playa. De ahí, sólo los 800m hasta el barco. Solidaridad de la más pura. Gesto imborrable para la memoria de la Goleta.

A la mañana siguiente, con la primera luz del día y con la Goleta colmada de una tripulación maravillosa que nos acompañaría en la siguiente etapa, zarpamos con rumbo norte. Con golpes de campana para despedir este puerto y proa al siguiente destino, la Goleta desplegó sus velas ante la mirada de sus vecinos con brazos en alto.

Y una despedida se convierte en una bienvenida en el siguiente puerto, nos esperan nuevos puertos, serán varios hasta llegar a cumplir el sueño: viajar a Europa en barco y devolver la Goleta Gringo a sus orígenes.

 

 

Tú también puedes viajar a Europa en barco

La Goleta Gringo hoy está en Angra dos Reis proyectando partir hacia Salvador con escalas, incluyendo el Archipiélago de Abrolhos. Desde Salvador continuará rumbo norte, hacia el Caribe, desde donde planea cruzar el Atlántico con rumbo a Génova. Navegantes, aventureros, viajeros que quieran subirse a la Goleta Gringo, pueden hacerlo y vivir una aventura realmente única.

Contactando a través de info@worldenful.com, obtienen un descuento especial del 15% sobre la tarifa.

 

Instagram: goleta.gringo

Facebook: goletagringo

Contacto: gringo@goletagringo.com / +55 24 99877 9576

www.goletagringo.com

 

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