El secreto de Ilha Grande.

El secreto de Ilha Grande.

 

«Fueron a The Secret?» preguntó Richard, el australiano con quien acabábamos de conocernos y compartir una excursión en lancha por Ilha Grande. «No, qué es eso?» pregunté. Se rió y cruzó su índice sobre la boca, como diciendo: «Shhh! No digas nada. Es un lugar muy especial para cenar en Abrâao» (la “capital» de la isla), que no nos podía decir dónde estaba, pero que la comida era la mejor que había comido en Brasil en las 4 semanas que llevaba su viaje. Me dijo que envíe un mensaje de WhatsApp y me dió una tarjeta del lugar. Curiosos al fin, esa misma noche envié un mensaje preguntando sobre The Secret y cómo hacíamos para ir. Me contestaron, me enviaron un instructivo y cuando les di el OK, recibí el menú. Nada de comida brasileña, un menú con platos de autor, cocina de distintos países, algo de fusión, ingredientes locales. Toda una promesa.

Después me pidieron el horario en que queríamos ir, el menú elegido y la cantidad de personas. “2 pax, mañana, a las 20 hs.» y elegimos los platos. Junto con la clave de la reserva, recibí las «pistas» para llegar al lugar y un pedido de no divulgarlas (parece que lo de «Secreto» va en serio).

Tres imágenes explican cómo llegar al lugar y terminan en una cajita que hay que abrir, tocar un timbre y esperar. Divertido y misterioso.

La noche siguiente, caminamos los 500 metros que separan la Pousada donde nos alojábamos y «The Secret». Llegamos fácil y puntualmente al lugar indicado. Nada advierte la presencia de un sitio para cenar. Reconocimos la cajita, tocamos el timbre y esperamos. Al minuto, por el largo y oscuro pasillo que bordea la casa, se aproximó alguien caminando, a contraluz. Era Nel, todo un anfitrión que recibe y guía a los comensales por el pasillo hasta llegar al portón que da paso al jardín donde funciona The Secret. Impacta al llegar, luces de colores, velitas por todos lados y una decoración rústica, ecléctica y encantadora. Nel nos presenta a Cris, su pareja y Chef del restaurante, que cocina a la vista, detrás de una barra. Buena música suave para poder charlar y un jardín de unos 40 metros de fondo, con palmeras, árboles y plantas, crean un ambiente delicioso y relajado. Apenas 3 o 4 mesitas, lejanas entre sí para asegurar la intimidad. Una mesa estaba ocupada y las otras aguardaban más comensales (en su mayoría, parejas) que irían llegando a lo largo de la noche. Esa noche fuimos 8 personas, después nos enteramos que el máximo es de 10 por noche.

Elegimos una mesa y empezó la «fiesta» de los sentidos. Nos invitaron una mini caipirinha The Secret y llegaron pancitos artesanales y bocaditos degustación como aperitivo. Luego la entrada compartida, un Queso Coalho especiado sobre verduras grillladas, suave, delicioso. Al rato, los platos: para mí, un «pulpo en tres cocciones, estilo peruano, con tres pimentones y variaciones de papas (en Brasil, hay bastante variedad de ellas). El pulpo estaba tierno, cocido en su dificilísimo punto justo y con deliciosos encuentros entre el oliva y los pimentones. Pao, mi novia por entonces, había pedido un Crispy Fish, con la pesca del día apanada en panko y coco, una salsita de cítricos, arroz thai y couve mineira (una especie de acelga, más intensa) más un budincito «andino» con maíz y mandioca. Suavemente crocante, el pescado era fantástico y los acompañamientos no lo eran menos. Tomamos un Tempranillo español a buen precio, como la comida, y para el final quedaron dos de sus «mini postres»: un Shot de mousse de Chocolate Belga amargo con café y ron (una bomba de sabor en la medida justa) y un Apple Crumble «deconstruído» (sin masa de base) con helado, todo suave y sutil. Baile de sabores, aromas y sensaciones fantásticas.

Al grato momento gastronómico se sumaron la charla con Nel que, a pedido nuestro, contó su historia, sus raíces uruguayas y su vida en Argentina durante mucho tiempo, y la simpatía de Cris que se arrimó a la mesa con su copa de vino para revelar algunos de los tantos secretos de su cocina. Una noche increíble, una atmósfera y una experiencia distinta a todo. Para recomendar a viva voz aunque se trate de un secreto, porque vale la pena descubrir The Secret si van a Ilha Grande.

 

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