Varanasi (India), maravillosa y sorprendente.

Varanasi (India), maravillosa y sorprendente.

Vida en Varanasi

Varanasi me recibió con el calor sofocante de abril. Durante el traslado al hotel, la aparente calma de pueblo del interior, a pesar de ser una ciudad de 4 millones de habitantes, llamó mi atención. Sin embargo, no tardaron en aparecer los bocinazos, autos, motos, tuc tucs, bicicletas, y peatones que rápidamente me devolvieron a la realidad india. Ah, y por supuesto, vacas!

Realmente, no tengo el censo de estos animales, pero en Varanasi su población parece haberse multiplicado respecto de otros lugares en India. Se las ve echadas, comiendo entre la basura, paradas en medio de la calle. Vale recordar que en este país las vacas son sagradas y por supuesto, están fuera de toda dieta (excepto para la población musulmana o cristiana). Por supuesto, la variedad de sabores de la comida india no hace extrañar en lo más mínimo la carne vacuna, aunque en más de una oportunidad el picante, que es parte de prácticamente todos sus platos, me hizo anhelar todo aquello que mi estómago ya reconoce como propio. En más de una oportunidad del “no spice”, dejaba mi boca sin aliento. Sin embargo, también por momentos me obligué a comer picante cautivado por aromas únicos y nuevos para mi.

La comida en la calle merece un párrafo aparte. Si bien es sumamente tentadora la propuesta, no es lo aconsejable salvo que se trate de alimentos frescos o recién preparados en entornos limpios, cosa que en la vía pública es difícil de obtener. El agua es otro detalle a considerar: sólo se puede consumir agua mineral y se aconseja incluso lavarse los dientes con esta agua. Debo reconocer que respecto a estos preceptos que recibe todo viajero antes de arribar a India, me mantuve firme hasta promediar el viaje, cuando bebí tragos con hielo, comí verdura y fruta cruda en hoteles (me habían aconsejado que no lo haga) y hasta tomé “chai” en la calle. Afortunadamente, el Delhi belly (como se conoce al malestar estomacal típico de quien visita la India) no me afectó.

 

Muerte en Varanasi

Antes que nada, hay que aclarar que la muerte tiene otro significado para el hinduismo respecto del resto de las religiones. La creencia en la reencarnación y la vuelta a la vida en otra forma, le quita dramatismo a la cuestión.

Varanasi se encuentra a orillas del Ganges, famoso por tratarse de un río sagrado para los hindúes y ser el epicentro de dos ceremonias que bien valen la pena presenciarse.

Llegué cuando la noche comenzaba a caer a orillas del Ganges, luego de un trayecto en cycle rickshaw para no demorar caminando entre multitudes y el caos vehicular. A medida que llegaba al Manikarnika ghat (escalera a orillas del río) y a la embarcación desde donde observaría minutos después la ceremonia, el contacto con vendedores, monjes, discapacitados pidiendo limosna, hombres, mujeres, niños, perros, vacas, monos, se hizo palpable y auguraba una noche como ninguna otra.

El Aarti es el ritual que se realiza en honor a la diosa Ganga y el Ganges. Siete Brahmanes o sacerdotes se ubican en un escenario montado debajo de coloridos paraguas de luces. Allí durante casi una hora llevan adelante una ceremonia que incluye mantras, lámparas con aceite de alcanfor y sonidos de campanas y tambores. Así como en el ghat, en el río se suman más y más embarcaciones para apreciar un evento de características únicas.

Tras dejar, al igual que muchos de los presentes, mi arreglo de flores y vela encendida flotando junto a los deseos para mis difuntos en este río místico, emprendimos la navegación hacia el ghat de cremación. Sí, apenas unos metros más allá, el fuego arde en las pilas crematorias y los cuerpos ya sin vida se suceden para ser primero purificados en las aguas del Ganges y luego incinerados en este lugar sagrado. Esta tradición es tan vieja como la misma Varanasi que, según dicen, es la ciudad más antigua del mundo (fundada por el dios Shiva hace más de 4.000 años).

Los actos de cremación tienen un significado especial para la cultura hindú, porque aseguran al alma su liberación del ciclo de nacimiento y renacimiento. Observo en silencio desde el bote mientras tres cuerpos arden y otros tantos esperan sobre las escalinatas. Las cenizas serán luego arrojadas a las aguas del Ganges, algo que se hace no sólo aquí en Varanasi, sino a lo largo de todo el cauce del río.

A la mañana siguiente, bien temprano, otra vez me encontraba embarcado en el río, pero esta vez para apreciar otra de las ceremonias que entregan estas aguas y este magnífico pueblo. Desde temprano y con el marco del sol saliendo sobre la otra costa, los indios van llegando al Ganges para lavar sus pecados en estas aguas puras, que como todos sabemos están súper contaminadas.

El espectáculo es tan colorido y magnífico como toda la India: hombres y mujeres, niños y ancianos, se entregan a Maa Ganga (la diosa Ganga) en un acto simple y festivo. Algunos nadan, los niños juegan. Más allá otros lavan sus ropas, incluso las sábanas de algún hotel de Varanasi. El momento es mágico y en cierto sentido llego a creer que realmente se purifican, al menos eso me transmite su cara de felicidad. Una felicidad que tiene todo el pueblo indio a pesar de sus consabidas dificultades y carencias. Es evidente, tal vez la cosa pasa por otro lado.

 

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